Para los directores de seguridad, proteger el acceso a una instalación a menudo implica un equilibrio complejo. Se requiere identificar posibles amenazas antes de que ingresen al edificio y, al mismo tiempo, mantener el flujo continuo de personas.
Ese equilibrio se vuelve cada vez más difícil a medida que las instalaciones aumentan su nivel de actividad. Hospitales, universidades, campus corporativos, edificios gubernamentales, centros de transporte, casinos y otras grandes instalaciones pueden registrar el ingreso y salida de miles de personas todos los días.
La pregunta ya no es simplemente: ¿Cómo inspeccionamos a las personas en busca de amenazas? ¿Cómo evaluamos a las personas para detectar amenazas?
Una pregunta más importante es: ¿Cómo mantenemos una seguridad efectiva sin generar un problema operativo propio?
Los métodos tradicionales de inspección de seguridad pueden ser efectivos. Sin embargo, a menudo requieren que las personas se detengan, esperen, se quiten objetos personales o interactúen directamente con el personal de seguridad.
El compromiso operacional de la seguridad tradicional
Los métodos tradicionales de inspección de seguridad pueden ser efectivos.
Sin embargo, en accesos con alto flujo de personas, la inspección puede generar:
- Largas filas
- Demoras
- Congestión
- Visitantes y empleados frustrados
- Mayor exigencia sobre el personal de seguridad
Esto genera un dilema operativo. Cuanto más tiempo consume el proceso de inspección, mayor es su impacto potencial en el flujo de tráfico y en la experiencia del visitante.
Cuanto más rápido necesitan desplazarse las personas a través de un acceso, más difícil puede resultar mantener el mismo nivel de inspección. Para los directores de seguridad, esto no es un simple inconveniente operativo: es un asunto de gestión de riesgos.
Los procedimientos de seguridad deben funcionar bajo presión
Un proceso de seguridad puede ser efectivo en teoría, pero su efectividad en el mundo real depende de si se puede mantener de manera constante. Considere una instalación donde un punto de control de seguridad genera regularmente una fila significativa durante las horas pico. ¿Cómo respondería a estas preguntas?
- ¿Qué sucede cuando comienza un evento?
- ¿Qué sucede cuando los empleados llegan tarde al trabajo?
- ¿Qué sucede cuando miles de visitantes llegan al mismo tiempo?
- ¿Qué sucede cuando las personas necesitan ingresar o salir de la instalación con urgencia?
Bajo presión operativa, los procedimientos de seguridad pueden ser modificados, simplificados o suspendidos temporalmente. Esto plantea uno de los desafíos fundamentales en la planificación de la seguridad:
Un sistema de seguridad debe funcionar no solo en condiciones ideales, sino también bajo la presión del mundo real. Un proceso que funciona bien durante un periodo de poca actividad puede volverse difícil de mantener cuando el volumen de tráfico aumenta.
Más seguridad no siempre significa mayor protecció
Es fácil asumir que agregar más procedimientos de seguridad mejora automáticamente la protección. En la práctica, la relación es más compleja. Un nuevo punto de control puede mejorar la inspección, pero generar filas más largas.
Las inspecciones manuales adicionales pueden mejorar la detección, pero requieren más personal. Un mayor número de alertas de seguridad puede proporcionar más información, pero también incrementa la posibilidad de fatiga por alarmas. Por lo tanto, los directores de seguridad deben evaluar todo el entorno operativo.
La pregunta no es simplemente: “¿Puede esta medida de seguridad detectar una amenaza?”
También es: “¿Podemos mantener este proceso de manera constante, incluso cuando la instalación esté al máximo de su capacidad?”
La importancia del rendimiento (Throughput) en seguridad
Los profesionales de la seguridad utilizan con frecuencia el término throughput (capacidad de procesamiento o rendimiento) para describir cuántas personas o vehículos pueden transitar a través de un proceso en un período determinado. Para un acceso, el throughput es una consideración operativa crítica.
Un sistema capaz de inspeccionar de manera efectiva a diez personas por minuto puede ser perfectamente adecuado para una instalación, pero insuficiente para otra. Lo mismo ocurre con un proceso de seguridad que funciona bien en condiciones normales, pero colapsa durante los picos de tráfico.
Es por eso que la planificación de la seguridad debe considerar:
- Volumen de tráfico normal
- Volumen de tráfico en horas pico
- Eventos especiales
- Disponibilidad de personal
- Condiciones de emergencia
- Tiempos de respuesta esperados
Un sistema de seguridad debe ser evaluado frente a las condiciones reales en las que se utilizará.
Replanteando el acceso principal
Durante muchos años, la seguridad se ha asociado con puntos de control visibles, guardias, barreras y estaciones de inspección. Estas herramientas continúan desempeñando un papel importante en muchos entornos.
Sin embargo, la tecnología de seguridad también está evolucionando hacia sistemas que pueden operar de manera más continua y con menor interrupción de la actividad normal. Esto plantea un enfoque diferente para el punto de control.
En lugar de pedir a las personas que se detengan para cada proceso de seguridad, las organizaciones pueden comenzar a considerar cómo la tecnología podría ayudar a identificar posibles amenazas mientras las personas continúan desplazándose por el entorno.
El objetivo no es eliminar la seguridad. El objetivo es hacer que la seguridad sea más compatible con la forma en que realmente opera una instalación.
El desafío del Director de Seguridad
Cada instalación cuenta con diferentes niveles de riesgo, patrones de tráfico, diseños arquitectónicos, disponibilidad de personal y requerimientos operativos. No existe una solución única que funcione para todos los entornos.
Sin embargo, la mayoría de los directores de seguridad comparten el mismo desafío fundamental: ¿Cómo mantener una protección efectiva sin crear condiciones que dificulten la sostenibilidad del proceso de seguridad?
La respuesta puede integrar una combinación de personal de seguridad, procedimientos, tecnología y diseño de instalaciones. Lo que resulta cada vez más evidente es que la seguridad debe ser evaluada como parte de la operación integral, y no como un proceso aislado superpuesto en la entrada.
La medida de seguridad más efectiva no es necesariamente la que genera la actividad más visible. Puede ser aquella que brinde una protección sustancial mientras permite que la instalación continúe funcionando con normalidad.
En nuestro próximo artículo, analizaremos cómo las tecnologías emergentes, incluyendo la inteligencia artificial y la detección avanzada de amenazas, están transformando la forma en que los líderes de seguridad conciben el punto de control tradicional.
